'Susana' vence los nervios por su primera comunión

Por María Aurora Villarreal, México

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‘Susana’ es una niña de 9 años e iba a hacer su primera comunión.  Cuando vino a verme, su mamá me comentó que Susi se ponía a llorar cada vez que se salía en un festival de la escuela (el Día de las Madres, Navidad, etc). También me dijo que cuando empezaba a llorar, no podía dejar de hacerlo y si le preguntaban por qué lloraba, más lloraba. Hasta que salían del evento, lograba tranquilizarse.

Yo le comenté que no había tratado a nadie con ese problema, pero que era muy probable que la pudiera ayudar. Su mamá me dijo que Susi estaba muy preocupada, pues no quería estar triste el día de su primera comunión y que le daba mucha pena que la vieran llorar, pero que era algo que ella no podía controlar.

Ya habían llevado a Susi a un psicólogo y no había servido para nada, ella seguía igual y querían intentar con otro tipo de terapia.

Susi, al llegar a mi oficina tenía la mirada baja y casi no le escuchaba su voz. Después de algunas pruebas, me di cuenta de su ansiedad al hablar en público y de su miedo a ser juzgada y criticada. También manifestó su gran dependencia a su mamá.

Al preguntarle qué era lo que le molestaba o qué problema tenía, bajó la mirada y se quedó callada. Al momento se le salieron las lágrimas. Le expliqué que yo trabajaba con una técnica un poco extraña pero que era muy efectiva en hacer que nos sintiéramos mejor. Ella me miró con un signo de ¿QUÉ? en su cara y me puse a explicarle que era lo que íbamos a hacer. Le dije que sólo hiciera y dijera lo mismo que yo.

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Aunque no puedo dejar de llorar, yo me quiero mucho.

 Aunque me siento triste, yo soy una gran niña.

Aunque no puedo hablar de lo que me pasa, escojo estar tranquila.

Después de los tres primeros puntos de la cara con la frase recordatoria “estoy triste” sus ojos se secaron, ni una lágrima y su postura se enderezó. Terminamos la ronda y ella empezó a hablar; me dijo que siempre lloraba en los festivales y no se podía parar, pero que no sabía por qué.

Le pedí que me hiciera un dibujo en donde ella estuviera en un festival. Me dibujó una niña llorando y todas las demás sonriendo, arriba de un escenario y los papás abajo. Le pregunté cuando había sido ese festival y me dijo que el Día de las Madres cuando estaba en primero. Le pregunté qué tan triste se sentía al pensar en eso y me dijo que 9 en una escala en donde el 10 es lo peor que hayas sentido y 0 totalmente relajado al respecto.

Empezamos a hacer tapping:

Aunque me siento muy triste, yo soy una gran niña.

Aunque no puedo controlar ese sentimiento, yo me quiero mucho.

Aunque ni siquiera puedo cantar una canción, me acepto como soy.

Y en los otros puntos, la frase recordatoria:

Esta tristeza

No la puedo controlar

Su nivel de intensidad bajó un poco a 6. Le pregunté ¿te acuerdas en qué estabas pensando cuando estabas cantando? Me dijo “no sé, que quiero mucho a mi mamá” Le salió una lágrima, así que le pregunté si yo podía hacerle el tapping y me dijo que sí. Sólo me fui a los puntos:

La quiero mucho

La quiero mucho

Se tranquilizó y le pregunté cómo se sentía. Me dijo que bien y su carita volvió a sonreír.

La siguiente sesión tomamos el tema de su primera comunión.

Me dijo que se sentía muy nerviosa porque era un día muy especial y el padre les iba a hacer preguntas.

Hicimos tapping en ese aspecto y dijo que se sentía mejor. Le pedí que hiciera un dibujo de ella contestando una pregunta al padre. Se dibujó contenta y le dije que dijera la siguiente frase:

Yo respondo confiada todas las preguntas que el padre me hace.

Inmediatamente observé tensión en todo su cuerpo, así que le dije “ahh, este dibujo es cómo te gustaría sentirte si el padre te hiciera una pregunta”. Ella asintió con la cabeza.

¿Ahorita cómo te sientes? y dijo que un poquito nerviosa.

Hicimos tapping:

Aunque me siento un poquito nerviosa porque el padre me va a hacer  preguntas y me va a dar pena responder, yo escojo estar tranquila en todo momento.

Aunque me siento nerviosa porque no sé si me voy a saber la respuesta, yo sé que estoy bien.

Aunque todos me van a escuchar y no sé si me va a salir la voz, yo escojo confiar en mí.

Al terminar la ronda le pedí que dijera de nuevo la frase y me dijo que se sentía muy bien.

El día de la primera comunión se acercaba y ella todavía se sentía un poco nerviosa, así que decidí hacer un ensayo lo más detallado para ver en donde subía la intensidad.

“Ok. Vamos a repasar el día de tu primera comunión. Imagina que es el día de la primera comunión; yo te voy a ir narrando y cuando empieces a sentir algo que no te gusta, me dices.”

“Te levantas, estás muy contenta, vas a desayunar. Luego te cambias y te llevan al salón de belleza para peinarte. Terminas y te vez hermosa. Llegas a casa a ponerte el vestido, los zapatos y un poco de gloss. ¿Te vas a poner gloss? Sí, bueno. Todos se suben al carro y llegan a la iglesia, te bajas…”

Ella me dice “Me estoy poniendo nerviosa”. Hicimos tapping hasta que se sintió segura de continuar.

OK, estás en la entrada de la iglesia (le pedí que se parara y le di una vela), tus padrinos van detrás de ti, tú vas caminando (empezó a caminar). Todos te están viendo.

Ella paró y me dijo que se sentía nerviosa. Hicimos tapping sobre su pena de que todos la vean y cuando se sintió bien seguimos. En ese momento se me ocurrió empezar a cantar algo parecido a los cánticos de la iglesia. En eso ella paró de nuevo y sus ojos se llenaron de lágrimas. BINGO. Hicimos tapping sobre su tristeza al oír los cantos de la iglesia y pronto se sintió bien. Repasé con ella toda la ceremonia hasta la parte que el padre le hacía preguntas y me dijo que no tenía problema en contestar fuerte y segura; hasta le hice algunas preguntas, las cuales contestó de maravilla. Repasamos también cuando tomaba la hostia y caminar al final del pasillo con una cara sonriente pues le estaban tomando muchas fotos.

Terminó la sesión y el siguiente sábado era el día. El lunes por la mañana le hablé a su mamá para preguntarle qué tal le había ido y me dijo que no lo podía creer, que era la más tranquila de todas. No lloró ni una lágrima y estuvo sonriente TODO el tiempo, disfrutando cada momento. Me contó que su esposo no lo podía creer; él estaba muy escéptico a la terapia y dejó que viniera conmigo sólo porque la niña se lo pidió.

María Aurora Villarreal, México

Formadora y Facilitadora Avanzada de EFT

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Sitio: http://eftalegria.com.mx/