EFT con los niños con cáncer en el hospital de Oaxaca.

Deborah Miller nos cuenta cómo llegó a trabajar con EFT con los niños de la unidad de cáncer del hospital de Oaxaca. El día 14 de este mes Deborah cumple 3 años trabajando con los niños. ¡Enhorabuena Deborah! Visitar el sitio web de Deborah.
Por Deborah Miller

¿Cómo empieza uno un proyecto tan intenso y enorme como utilizar EFT con niños con cáncer en un hospital precisamente? Sorprendentemente empezó de la manera más sencilla. Me invitaron a participar en una función para recaudar fondos para Niños con Cáncer en un parque local. Acababa de recibir mi nuevo Osito Tappy y estaba ilusionada por ver cómo responderían los niños a él. Fui al parque ese día pensando: “¿Vamos a ver qué pasa? Dedicaré algunas horas de mi tiempo echando una mano y ayudando a que algunos niños se encuentren mejor.” Esa sencilla idea ha llevado a un proyecto de por vida que continúa llenando mi corazón de amor.

Mi experiencia ese día fue una delicia. Recuerden que estábamos en un parque con los niños recostados en camillas bajo carpas improvisadas. Es bastante llamativo ver a estos hermosos niños con sus batas de verde pálido con escaso e incluso nada de pelo, algunos tranquilos, algunos muy débiles, algunos con goteros, algunos en silencio, algunos distantes.
Ese día trabajé con 4 niños. La primera fue Cinthia. Tenía una cara muy redonda y aunque no podía ver bien en un ojo prestó mucha atención. Sonrió y estaba dispuesta a probar EFT pensando que era divertido especialmente porque podía usar el Osito Tappy. La hizo sentirse notablemente más relajada y redujo su incomodidad. Yo estaba muy contenta pues era un comienzo muy alentador.

Tuve distintos grado de éxito con otros niños. Uno de ellos estaba dispuesto a probar EFT, otro aún sufría del shock de enterarse que tenía leucemia, pero el hacer tapping con sus padres consiguió aliviarles algo. El último ese día era muy tímido. Sin embargo, cada uno de ellos se tranquilizó de alguna manera. En todos los casos el Osito Tappy era un modo dulce y gentil de llegar a estos niños, lo cual es muy distinto a sus experiencia con agujas, medicinas y un hospital.

Después de observar cómo yo hacía tapping, el médico a cargo de la sala de cáncer sugirió que probara EFT en el hospital mismo. Esa idea tuvo que asentarse para ambos y pasaron 2 meses antes de que llegáramos a juntarnos. El día en que nos reunimos, el 14 de Septiembre del 2007, es un día memorable para mí. Fue el principio de un extenso viaje y experiencia de aprendizaje en mi vida.

Empezó de manera bastante sencilla con una conversación entre el médico y yo sobre EFT y las necesidades de los niños más allá de los tratamientos físicos que recibían. Básicamente me dio la libertad de hacer cuanto pudiera con EFT, y, junto a mi leal Osito Tappy, eso es lo que hice.

Decidí empezar por enseñar y mostrar EFT al personal de enfermería puesto que ellos están en contacto con los niños diariamente. Quería que supiesen personalmente qué estaba haciendo yo y no estar sorprendidos por el aspecto tan ‘raro’ del tapping y el ‘osito felpudo’ que iba a utilizar. Les guié por algunas rondas de EFT y acabamos riéndonos, bostezando y relajándonos. Creó una conexión preciosa entre yo y estas enfermeras quienes cuidan tan diligentemente a estos niños. Cuando primero las conocí las notaba estresadas y cansadas por la carga de la labor de cuidado de estos niños, especialmente porque el encariñarse demasiado con cualquiera de estos niños es difícil y tiene consecuencias emocionales si no sobreviven. Creo sinceramente que el contactar con ellas ha sido una de las llaves del éxito ya que me dejan trabajar libremente con ellas y con los niños.

Al llegar a la zona de los niños, por sorpresa mía, la primera niña a quien vi en el hospital era Cinthia. Se alegró de verme con la mochila azul de Tappy sobre el hombro. Me dijo con emoción que se acordaba de cómo hacer tapping, que había enseñado a su Papá a hacer tapping y que lo hacían juntos. Que maravilla que después de 10 minutos de hacer tapping conmigo, pudo reconocer su valor, utilizarlo y enseñar a otro cómo hacerlo con ella. Ella fue la primera en recibir un Osito Tappy y en aquel momento supe que necesitaría muchos más. (A la fecha de Octubre 2008, con mucho apoyo y ayuda de Tappy Bear Inc. he podido darles a más de 80 niños con cáncer su propio Osito Tappy.) Cada vez que regalo un Osito Tappy a un niño, veo en los ojos de otros niños la esperanza de que ellos serán el próximo. Me hace desear que tuviese uno para cada uno de ellos ahora mismo.

Percepciones Iniciales

La sala de cáncer de los niños tiene una sala de espera donde hasta 25 parientes y niños esperan ser tratados y dos habitaciones con camas. Una de ellas tiene 3 camas y la otra 6.
El primer día que entré en la sala de cáncer, me sentí abrumada por la tristeza, el dolor, miseria y miedo que literalmente sentía, como si me diese contra un muro con estas emociones. Vi a una madre y su hijo acurrucados en un rincón y había otras 30 personas o más en la sala en un estado similar. Podía sentir que percibían que estaban solos, acurrucados en su propia miseria. Era un panorama solitario, aislado y deprimente que me entristeció profundamente.
Con Cinthia y Tappy para ayudarme a romper el hielo, empecé a descartar toda duda y me senté a hacer tapping con ella, bajo la mirada de los demás. Su sonrisa era prueba más que suficiente que esto solo era el principio.

Cuando empecé a utilizar EFT, los niños y parientes quienes lo hicieron conmigo empezaron a sentir alivio a muchos niveles. Con tiempo, y mientras iban aprendiendo EFT más y más niños y padres, todo el ambiente de la sala cambió gradualmente.
Aquí detallo algunos de los cambios que noté.

-Una mañana entré y cuatro niños con sus padres estaban desayunando juntos y riendo. Esto era tan asombroso que el médico se percató y lo comentó conmigo.

-Durante otra visita, los niños estaban jugando juntos y a solas. Estaban riendo y hablando entre ellos. Estaban haciendo rompecabezas, dibujando y coloreando. Estaban jugando con una pelota y construyendo cosas con piezas de LEGO.

-Otro cambio fue que los padres hablaban, compartiendo experiencias y ayudándose mutuamente. Una madre me contó que antes de aprender EFT no era capaz de ayudar a nadie. Estaba tan absorta por sus propios problemas con su hijo que no podía ni pensar siquiera en mirar a lo que les pasaba a otros y muchos menos poder ayudarles. Ahora se siente fortalecida porque se encuentra tranquila y mucho más relajada ante el cáncer de su propio hijo. Créanme, ahora es una de las madres que hace un esfuerzo especial por ayudar a los niños y a otros padres.

-El siguiente aspecto que me sorprendió es que las enfermeras están más tranquilas ya que disfrutan de relacionarse con niños que no temen (o temen menos) a ellas y a los tratamientos que les tienen que administrar.

-Una deliciosa coincidencia indirecta es que el único sitio en todo el hospital que recibió una nueva capa de pintura era la sala de cáncer de los niños. Cambió de ser un gris apagado y puertas azul oscuro a colores frescos y atractivos de un precioso amarillo suave con detalles de animales de peluche y decorados marinos de azul claro.

-Los padres mismos mostraron una reducción notable de ansiedad e intensidad de temor y así pueden estar alegres con sus hijos.

-Uno de los mejores aspectos es que el médico y las enfermeras encontraron que los niños eran más complacientes a la hora de tomar su medicación y de visitar el hospital para su tratamiento e inyecciones.

El gran cambio ahora es que cuando entro en la sala de cáncer, la energía se siente más ligera y cómoda. La permanente presencia y gravedad de la enfermedad sigue estando ahí pero no con la intensidad de temor asociado ni la inhabilidad de manejarlo. Ahora se oyen risas regularmente provenientes de la sala.

Para mi, solamente el ver estos cambios ha hecho que valiese la pena traer el regalo que es EFT al hospital.

Deborah Miller