Colon Irritable

Después de comer unas frituras, la amiga de María Eugenia Dávalos tuvo que recostarse por la inflamación de su abdomen, hasta que llegó EFT al rescate.


Por María Eugenia Dávalos

La persona de la que vamos a dar su testimonio es Mary y tiene 43 años. Hace 5 años sufrió cáncer de mama, es divorciada con 2 hijos adolescentes, tiene un trabajo muy estresante y no puede salir a comer a sus horas, aunque se lleva fruta para comer en el espacio entre el desayuno y la comida, y con diagnóstico de colon irritable o colitis desde hace 15 años. Coincidió que estando yo de vacaciones con Mary, comió unas frituras (churritos). Unos momentos después de comer, se retiró de la mesa y se fue a recostar a la sala porque sentía la necesidad de desabrocharse el pantalón, porque la ropa le apretaba y no le permitía respirar y su abdomen estaba distendido.

Por más que se daba ella misma masaje en el abdomen, no mejoraba y esperaba que el malestar cediera, antes de tener que tomar algún medicamento.

Fui a la sala y le pregunté ¿qué estás haciendo? y me dijo “es que me estoy inflamando, no debí comer los churritos, mira como estoy”; alzó su blusa y me mostró el abdomen.

Le pedí que me permitiera hacer EFT para su molestia y me dijo que sí.

Empezamos con el punto de karate diciendo “aunque me siento incómoda y con dolor en mi abdomen, aun así me quiero y me acepto profunda y completamente”.

En los siguientes puntos también dijo: “Aunque soy muy nerviosa y preocupona, puedo recuperar mi salud con amor, con tranquilidad, la vida es fácil, puedo digerir la vida de una manera rápida, fácil y cómoda.”
“Yo soy amor, soy abundancia, todo está bien en mi mundo”.

Hicimos tres rondas más diciendo “aunque siento una gran presión, aun así me puedo perdonar porque hago mi mejor poder, hago las cosas de la mejor manera que puedo, me quiero, me amo, me perdono amorosamente”.
“Aunque para mis papás no siempre hago bien las cosas, aun así me libero de este dolor con amor y tranquilidad, perdonándome, queriéndome”.

Empezó a bostezar y le empezó a dar sueño. Le pregunté ¿cómo estás?, me dijo “bien, aunque con sueño y me siento relajada”, y se alzó la blusa nuevamente y me dijo, “¡mira ya se desinflamó!”, ya no me duele y no tuve que tomar ninguna pastilla.

Fue a decirle a su mamá que viera su abdomen, que ya estaba mejor y entonces regresó para seguir en la sobremesa.

México.
María Eugenia Dávalos
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