Duelo reciente y doble beneficio


Ann Adams nos toca con una tierna historia acerca de su primera experiencia con EFT y el duelo de “Joan”. En este caso, la sanación se logró por ambas partes, la sanadora (Ann) y la persona sanada (Joan). Esto para mí es el objetivo final de una sanación apropiada. Me recuerda una estrofa de la Canción de Bodas que dice…

"Cada vez que dos o más de uds. se reúnen en Su nombre, Hay amor... Hay amor..."
Por Ann Adams

Gary,

Joan fue mi primera experiencia con el tapping. Esto fue aún antes de recibir las cintas de EFT. En mi ignorancia, esta primera experiencia estuvo totalmente alejada de donde mi intuición me guía ahora. Sin embargo es un buen ejemplo del lema: SIMPLEMENTE HÁGALO. También muestra que, cuando trabajamos con el dolor de otros y nuestros propios problemas se interponen en el camino, a veces nos curamos nosotros también.

Ann
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Durante el fin de semana de Acción de Gracias de 1999, “John”, el prometido de “Joan”, murió en un extraño accidente de tráfico. Joan pasaba estas fiestas con sus padres y no había ido con su prometido en el viaje de cacería, como hacía habitualmente. Joan y sus padres estaban en una cabaña alejada en un bosque. Desafortunadamente, la traumática noticia se la dio un patrullero estatal.

Joan y yo hemos trabajado juntas por muchos años y yo estaba muy preocupada, porque ella había sufrido de episodios depresivos por 20 años. Fui a la casa de los padres de John a encontrarme con Joan y ofrecerle cualquier consuelo que fuera posible. Su desolación era especialmente dolorosa para mí, porque mi esposo había muerto de manera inesperada unos años antes. Mi propio dolor era todavía muy intenso.

Yo recién había aprendido algo acerca del tapping en un breve seminario introductorio a las terapias de meridianos. Sabía muy poco, y dudé en usar mi limitado y nunca practicado conocimiento, en una situación tan delicada. Pero como Joan continuaba llorando durante horas, le pregunté si quería probar un nuevo “ejercicio de relajación” que había aprendido y estuvo de acuerdo.

Estábamos en un dormitorio secundario, alejadas de la multitud, y yo hice tapping con ella mientras repetíamos la secuencia, varias veces. Su hija adolescente, que descansaba en la cama, presenció a su madre calmarse por primera vez en 12 horas. La hija comenzó entonces a hablar de John y también comenzó a llorar y hablando de lo que él significó para ella; yo le hice tapping en los distintos puntos por varios minutos, hasta que se durmió.

Volví al día siguiente. Joan se había negado a comer hasta ese momento. Su voz era apenas un suspiro y estaba tan pálida que pensé que se iba a desmayar. Hicimos tapping juntas nuevamente. Su color mejoró enseguida y fue capaz de hablar normalmente y de comer algo. Volvimos a hacer tapping juntas al día siguiente, antes del funeral, para calmarla.

Le escribí la secuencia de tapping en un papel y la impulsé a que continuara haciéndolo. Yo continué llamándola una vez por semana para ver cómo seguía. Ella continuaba llorando y las conversaciones eran dolorosas para mi también. Y si bien le mencioné el tapping, no quería empujarla a practicarlo. En el ínterin yo recibí las cintas de EFT y me las devoré. Practiqué con docenas de voluntarios. Para febrero ya había visto resultados increíbles en una variedad de temas.

Pero todavía tenía miedo de trabajar con un duelo tan reciente. Después de todo, hay tantos temas y aspectos en una muerte reciente… Y ¿no es el duelo un proceso necesario?, razoné. Más tarde me di cuenta que fue mi propio dolor lo que me contuvo.

Joan y John habían planeado casarse en el Día de San Valentín del 2000. El día llegó y sus compañeros de trabajo me llamaron preocupados por el estado emocional de Joan. Joan había estado llorando todo el día y por eso acepté ir a su casa esa noche. Sollozaba mientras me decía que había estado llorando muchas horas cada día desde la muerte de John. Le dije que yo había aprendido muchísimo sobre EFT desde el Día de Acción de Gracias y que, maldito sea, íbamos a usarlo toda la noche si era necesario. No podía soportar más ver el sufrimiento de mi amiga.

Y así comenzamos a hacer tapping. Usamos todas las sentencias “Aun cuando…” que pude imaginarme. Y como yo había experimentado una pérdida similar, se me ocurrieron muchas. La mayoría de las veces tuve que decir la frase preparatoria por Joan y hacer tapping en ella, porque era absolutamente incapaz de hacerlo. Hablamos e hicimos tapping literalmente por tres horas. Hasta que ella fue capaz de hacerlo por sí misma, y yo la acompañaba. Finalmente se calmó lo suficiente como para decirme que quería dormir.

Joan me llamó dos días después y me dijo que había dormido toda esa noche. Me contó que se había despertado al día siguiente todavía deprimida, pero que no había llorado y que fue capaz de terminar un trabajo que tenía pendiente. Durmió bastante bien la segunda noche también. Pero con excitación me dijo que la parte mas increíble fue la segunda mañana en el trabajo cuando ella literalmente sintió la depresión de muchos meses, abandonarla. Me dijo que fue una sensación física.
Simplemente se fue.

Me dijo que nunca había sentido tanto alivio, y tan rápido, de un episodio depresivo, y que estaba convencida que la única causa ERA el tapping. (Ninguna duda aquí).

La depresión no le ha vuelto. Sin duda hay muchos aspectos relacionados a cualquier pérdida y Joan tiene muchos temas para resolver. Ella todavía llora frente a las pertenencias de John, pero ahora son minutos – no días. Después de la experiencia del Día de San Valentín, Joan se volvió una ávida practicante de EFT. Ella ha lidiado con muchos temas dolorosos relacionados con la muerte de John y con su relación. Manejó el aniversario de su muerte y Navidad sin depresión y sin llanto excesivo. Está agradecida por la oportunidad de haber amado y ser amada por una persona como John. Reconoce que mucha gente nunca tiene esa oportunidad, ni siquiera una vez.

Yo observé el cambio en ella con asombro. Pero observé el cambio en mí, con mayor asombro todavía. Mientras ayudaba a Joan con su pérdida, me di cuenta que había resuelto mi propio dolor.

Ann Adams

Traducido por María Inés Sención

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