EL TRASTORNO DE DEFICIT DE NATURALEZA

B1Un acercamiento a tomar conciencia de la inmensa trascendencia que tiene para la salud el escaso contacto con la naturaleza, hasta el punto de que, algunos médicos y expertos se están planteando considerar prescripción imprescindible recetar paseos frecuentes y ejercicio en entornos naturales.

Por Ana Espiga López
Escribe a Ana: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


No soy experta en nada pero, como muchos de vosotros, hago uso del sentido común.
Desde que soy madre siento una necesidad imperiosa de dar dosis de naturaleza a mi familia para compensar los largos periodos de vida inmersa en el centro de una gran ciudad. No tenía muchas razones intelectuales ni científicas para ello. Sin embargo, algo me empujaba constantemente a cubrir esa carencia. Por esta misma llamada del instinto, una actividad tan sana como es el deporte, nunca se me hizo comprensible desde los gimnasios, salas llenas de luz artificial, máquinas, hierros, plásticos y barnices.

cascadaAhora voy entendiendo las razones de mi instinto.
Todos sentimos que la naturaleza aporta salud y equilibrio físico y mental, por resumir sus beneficios pero quizás no sospechábamos que su carencia pudiera enfermarnos. Y ello no sólo es debido al aire sucio de las ciudades y al enjambre de ondas y campos electromagnéticos que distorsionan y achicharran los nuestros. No se trata sólo de lo que afecta a nuestros cuerpo físicos. Parece que hay mucho más y más importante.
Este mes vacacional me topé con un concepto nuevo para mí que me llamó la atención: Trastorno de Déficit de Naturaleza. Lo encontré en un libro que se extiende en estudios y razones de los beneficios de estar más a menudo en contacto con entornos naturales. Pero las razones que en él se argumentan trascienden lo que ya conocía.
Al leer “VOLVER A LA NATURALEZA o El valor del mundo natural para recuperar la salud individual y comunitaria”, Richard Louv nos cuenta que cuando estamos en un entorno natural ocurren estímulos muy potentes que van más allá del hecho de purificar nuestros pulmones o tonificar la circulación sanguínea. Estar en la naturaleza significa estar en contacto con su belleza, su grandeza, con la paz que emana, la armonía y los infinitos milagros que en ella se dan . Nos invita a percibir y disfrutar los estímulos de la Naturaleza que ocurren a lo largo de 360º y activan partes del cerebro que llevan demasiado tiempo encerradas entre el hormigón, el asfalto y las pantallas de TV,  ordenadores o móviles.
Admirar los fractales de los árboles, perderse mentalmente en un evocador horizonte limpio, ensancharse en lo alto en una montaña en toda su magnitud,  nos enciende resortes a niveles profundos y nos activa conciencia a niveles del alma, del ser espiritual. Nos coloca en nuestro lugar, un lugar de humildad ante esa grandeza, nos asombra, nos enamora, nos maravilla, nos integra, nos calma y nos colma.
Según los estudios que menciona Louv, no solo sentir con cierta frecuencia este torrente de sensaciones nos ayuda a sanar desequilibrios, sino que es posible que éstos aparezcan como consecuencia de una falta de contacto con la naturaleza. Soledad, ansiedad, estrés, tristeza, apatía, fatiga, debilidad o dolor de cabeza, son síntomas que pueden deberse simplemente a esta carencia.

amanecerLas  sensaciones, emociones y estímulos que se desarrollan cuando estamos en el campo, en el mar o entre árboles  difícilmente podemos experimentarlas en las grandes ciudades, construídas desde la desconexión con ese entorno. Y esa desconexión nos desconecta. Del Todo y de nuestro interior.
Sirva como ejemplo las observaciones realizadas en la evolución de enfermos alojados en las alas hospitalarias con vistas a zonas ajardinadas, una sanación globalmente más rápida y mayoritaria que la de aquellos  alojados en las alas con vistas a edificios y tráfico de la ciudad.
Hacer deporte al aire libre entre árboles, pasear por parques, admirar una puesta de sol, escuchar los animales, embriagarse los ojos y la piel en lagos, ríos o el mar, nos conecta con nuestro ser esencial, nuestro ser más profundo, el que sabe que forma parte del todo, el que está por encima de las circunstancias. Nos conecta con la fuente creadora: el amor y su sentido de unidad. Y todo ello con el lenguaje más universal y más emocionante: la belleza. Esto es salud y su carencia significa trastorno y enfermedad.
Al tomar conciencia de la importancia de unas dosis mínimas de naturaleza para el equilibrio espiritual, que es el que subyace a los demás, he decidido hacer una estadística entre mis clientes para valorar qué tanto acuden a espacios naturales. Y lo más importante, quiero prescribir frecuencia y duración de dicho contacto como parte importante de la recuperación, paralelamente a los deberes habituales de EFT y otras recomendaciones.

Ana Espiga
Acupuntora y facilitadora y formadora de EFT
correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
su sitio web: www.tecnicasdesanacion.com