Se derrumban recuerdos de abusos graves… aunque todavía queda trabajo por hacer

Marilyn Poore nos presenta un artículo muy personal, que resultará esperanzador para aquellos lectores con recuerdos de abusos graves. Veréis que logró resultados realmente impresionantes con EFT, aunque no se produjo la “maravilla instantánea” que EFT suele ofrecer. Al perseverar, ha ido mucho más allá de lo que cabría esperar con la terapia convencional y continúa mejorando. Le estamos muy agradecidos a Marilyn por compartir su historia. Sus esfuerzos allanarán el camino a muchas personas.
Por Marilyn Poore

Me llamo Marilyn Poore y trabajo como terapeuta de arte desde el 2002. He trabajado con personas que padecen adicciones desde 1991; he tratado casos de violencia doméstica y he sido voluntaria en refugios; he trabajado con personas con traumas infantiles, casos de divorcio, penas complejas y he prestado apoyo a grupos de supervivientes de traumas infantiles y a sus parejas.

Hace poco, comenté con Gary Craig la posibilidad de enviar un artículo sobre los abusos que padecí en la infancia y sobre cómo EFT me ha sido de ayuda. Al principio, no me sentía capaz de hacerlo, por miedo a que afloraran recuerdos sin resolver, lo que, sin duda, me resultaría doloroso. Tras hablar con Gary, me di cuenta de que estaba experimentando el “miedo al miedo” respecto a la posibilidad de que dichos recuerdos afloraran. La realidad es que, con EFT, es probable que se reduzca la carga de dichos recuerdos, o que simplemente no exista. Sencillamente, tendría miedo de que volvieran a surgir con la misma intensidad. Así que escribí el artículo y he sido más consciente aún de lo fantástico que EFT ha sido para mí.

Mis dos progenitores abusaron de mi emocional, física y sexualmente. Sin embargo, no recordé lo sucedido hasta que me mudé lejos de mi familia, pasados los 30. Sí era consciente, de alguna forma, de que siempre estaba en guardia cuando tenía a mi padre cerca. En la primavera de 1983 me mudé de Kankakee, Illinois, a Topeka, Kansas, con mi novio, que más adelante se convertiría en mi segundo marido. Estaba divorciada y dejaba a tres hijos atrás: un niño de 8 años, cuyo padre tenía la custodia, una hija de 13 años, que también se quedó con él, y mi hija mayor, de 15 años, que vivía en mi anterior residencia.

Me sentía fatal por dejar a mis hijos, pero sentía que tenía las manos atadas. Afortunadamente, al año siguiente, pude tener a mis hijas conmigo. Había empezado a ir a la facultad en Illinois y continué haciéndolo en Kansas, para obtener mis licenciaturas en arte y en trabajo social. Iba a clase a media jornada y trabajaba a jornada completa con 4 adolescentes en casa: los dos hijos de mi segundo marido y mis dos hijas. Tardé ocho años en completar mis licenciaturas en trabajo social y en antropología y lo pasé en grande. Empecé a sentirme mal emocionalmente durante dicho periodo, por varias razones. Acabé asistiendo a terapia convencional, pues era todo lo que conocía por entonces. Mi segundo marido falleció poco después de empezar la terapia.

Con la terapia emergieron recuerdos de abusos y me sentí tan desbordada que en ocasiones creí enloquecer. Sufría ataques de ansiedad casi a diario, lo que me provocaba ataques de asma tan graves que en ocasiones terminé en el hospital. Empecé a tener problemas de tensión alta, por los que sigo medicándome. Para mí, la terapia convencional fue como abrir una caja de Pandora con la que tenía que cargar. Llegué a comprender por qué los adictos que tienen este problema siguen consumiendo.

Algunos de los recuerdos estaban relacionados con los abusos físicos y sexuales que me inflingía mi supuesto padre (que siempre me decía que no era hija suya), por la costumbre que tenía mi madre de seducirme sexualmente. Mi padre también solía torturar y matar a los gatitos que yo llevaba a casa para jugar. Hizo todo esto desde que yo tenía 2 años hasta los 8.

Mi peor recuerdo se remonta a los 8 años, a una ocasión en la que me pegó tan fuerte que casi me mata. Recuerdo que estuve tirada en el sótano durante 10 días, con costillas rotas, el brazo roto, la cara destrozada y la mandíbula rota. No recuerdo cómo salí de allí, pero uno de los recuerdos que me causó mayor dolor emocional fue ver cómo mi madre bajaba las escaleras, se me quedaba mirando y luego simplemente se iba.

También recuerdo que mi madre me vendía a desconocidos, tanto hombres como mujeres, en una pista de patinaje. Estos individuos abusaban sexualmente de mí. Recuerdo haber sido abusada sexualmente por médicos, monjas y curas. A los 13, elegí mantenerme lejos de casa, pero me sentía culpable por dejar atrás a familiares más jóvenes. Me casé a los 17, embarazada de mi primer hijo. Mi marido también abusaba de mí, naturalmente, pues yo no conocía otra cosa.

¡Cómo descubrí EFT!

Como consejera, deseaba encontrar una forma más fácil, tanto para mí como para mis clientes, de liberar el pasado. Empecé a aprender Reiki y terminé obteniendo el segundo nivel. Esta terapia me ayudó a mejorar la intuición; empecé a confiar en mí misma, para saber qué decir para ayudar a mis clientes. El Reiki me ayudaba de forma temporal, cuando mis emociones se disparaban, pero nunca me libraba de mis recuerdos traumáticos. Probé con el masaje, para hacer aflorar los recuerdos en el cuerpo y poder liberarlos, pero me sentía tan desbordada que dejé de ir.

Hace poco, un amigo y yo empezamos a utilizar EFT para liberar las emociones, por lo que decidí utilizar esta técnica como consejera. Al final había encontrado la respuesta que buscaba. Asistí al taller de EFT de Gary Craig y el Dr. Mercola en Chicago. La presentación que hizo Carol Look en dicho taller disparó algunos de mis recuerdos. Trabajé para liberar algunos de los recuerdos de los abusos de mi padre con la ayuda de B. Marianne Niebauer. Entonces supe que estaba destinada a enseñar EFT a otros consejeros, profesionales e individuos que realmente quisieran liberar los traumas.

EFT ha sido mi milagro. Ya no tengo que cargar con mis recuerdos. He liberado suficientes recuerdos con EFT como para perdonar a mis padres. EFT me ha ayudado a liberar la rabia y la ira explosiva que tanto me asustaban. EFT me ha dado la claridad, algo que empezó en Chicago, para abordar mi papel de víctima/mártir.

He hecho tapping con problemas actuales, como la comunicación con mis hijos y nietos. Mis hijas tienen 38 y 36 años, respectivamente, y mi hijo cumplirá 31 a finales de año. También tengo 8 nietos: 6 niños, de entre 9 meses y 18 años, y 2 chicas de 10 y 20 años. Con EFT mi recuperación ha progresado por lo menos un 75% respecto a la terapia convencional.

Antes de utilizar EFT, cuando mis recuerdos se disparaban, no funcionaba con mi mente racional/lógica, sino que reaccionaba desde mi sistema límbico, lo que para mí implicaba inmovilización. Me convertía en aquella niñita que padeció abusos tan terribles. En ocasiones, sigue sin resultarme fácil. Sin embargo, con EFT, soy consciente de que cada vez me pasa con menor frecuencia. Y puedo hacer tapping para librarme del resto en menos tiempo. Al principio tardaba varias horas, incluso días, que se han convertido en minutos.

Continúo haciendo tapping a diario para tratar “lo que está escrito en las paredes de mi mente”. Hago tapping acerca de mis creencias de no valer lo suficiente, de no merecer vivir, de nunca ser amada lo suficiente, de ser abandonada y no poder ser yo misma. Sé que llegará un punto en que habré terminado con estos dolorosos recuerdos en mi cuerpo, gracias al tapping y al aprendizaje y la enseñanza de EFT. La Técnica de Liberación Emocional lo ha hecho posible.

Doy gracias por poder utilizar EFT.
Marilynn Poore MS, ATR, BSW, EFT Adv CC

Traducido por Eva Llobet Martí Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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