Aplicando EFT a gente de la tercera edad.

muchos corazones... un mismo latido

Marita Hubert es una naturópata en Berlín, Alemania, quien trabaja con gente de la tercera edad. Ella ofrece un caso interesante, y una fresca perspectiva… “Lo mas excitante de esto es que se trata de gente mayor y frágil, cuya posibilidad de mejorar su salud es más difícil porque su energía ya se encuentra en decadencia. El tratamiento de EFT en los más débiles es siempre bueno por las sorpresas de los fenómenos inesperados. El efecto del tratamiento casi siempre tarda y nunca se sabe como se manifestará. Pero he allí que… qué sentimiento, ver que los problemas desaparecen como por arte de magia.”
Por Marita Hubert

Hola Querido Gary,

En primer lugar te deseo un año exitoso con mucha gracia por el tesoro que significa tu frecuente boletín. También deseo un exitoso año a toda la comunidad mundial de EFT, que es aquella gente que ayuda a su semejante a obtener una merecida vida mas plena.

Soy una Homeópata en Berlín, Alemania. Nuestros pacientes son aquellas personas que sienten que no son comprendidos, no tomados en serios o atendidos en forma, a menudo ignorados, que no encuentran cura o abandonados por sus médicos. Pero con nuestros tratamientos y remedios naturales y las largas sesiones que dedicamos a escucharlos, podemos establecer un éxito de un 80 % de los casos, lo cual no está mal. Y ahora que estoy trabajando con EFT (desde hace 4 meses) mi éxito ha subido considerablemente.

Lo mas excitante de esto es que se trata de gente mayor y frágil, cuya posibilidad de mejorar su salud es más difícil porque su energía ya se encuentra en decadencia. El tratamiento de EFT en los más débiles es siempre bueno por las sorpresas de los fenómenos inesperados. El efecto del tratamiento casi siempre tarda y nunca se sabe como se manifestará. Pero he allí que… qué sentimiento, ver que los problemas desaparecen como por arte de magia.

La siguiente historia de EFT es acerca de un señor en sus ochenta años, quien sufrió hemorragia cerebral (accidente cerebro vascular) hace cuatro años, cuya secuela fue daño en el hemisferio derecho del cerebro, invalidez y parálisis del lado izquierdo. Cuando lo visité por primera vez, él estaba en el estado mental de un niño de 6 años, indefenso, dándose cuenta de la pérdida de sus facultades mentales, pérdida de la percepción de la realidad y lleno de miedo de casi todo y sin energía alguna. Así que decidí tratar en primer lugar su falta de energía y algunos miedos: El miedo a caerse del cuarto piso a la calle desde su ventana a pesar de que el vidrio se encontraba cerrado.

“Aunque me siento débil…”
“Aunque tengo miedo de caerme a través de la ventana…”
“Aunque tengo miedo de los lugares altos y de la profundidad…”

Unos días más tarde su esposa me contó, que seguido del tratamiento el sintió nauseas leves. Así que volvió a la cama y durmió por una hora. Luego él se levantó y sintió como “algo que bajaba de su pecho” dejándolo ligero, más fuerte, y mejor de espíritu, una sensación completamente nueva (mientras estuvo en el hospital por el derrame, lo sometieron a una cirugía del corazón y le instalaron un bypass. La herida se infectó con una bacteria, por lo cual tuvieron que reabrir la operación, y esto drenó su energía y lo dejó con una sensación inconfortable en esa área). Al día siguiente su esposa lo encontró parado frente a la ventana, mirando con atención caer la nieve. El prácticamente había olvidado su miedo a caer desde la altura.

En mi siguiente visita me dediqué a hacer tapping por su miedo a visitar la casa de su hija y su familia. El siempre ha estado haciendo gran cuestionamiento de ello, enojando a todos los miembros de la familia, una o dos semanas antes del evento. Miedo de bajar el elevador en silla de ruedas, de subir a un taxi, de subir las escaleras frente a la casa de su hija, y el peor de todos, “subir a esa horrible escalera para acceder al techo del garage”. No existía tal escalera ni necesidad alguna de subir sobre el garage. Sólo existía en su imaginación. Hice tapping “Aunque estoy lleno de miedo de esa escalera…”

Así el día X llegó y hasta ese día el nunca mencionó objeción o miedo alguno de la visita.

El entró a la casa de su hija habiéndose olvidado completamente de la escalera. Luego de vuelta a su casa él le dijo a su familia: “¡no he sentido una gota de miedo!” Unos días después él me llamo por teléfono, lo cual nunca antes lo había hecho por no sentirse capaz de hacerlo y me contó lo que sucedió dándome las gracias por ello. Estoy segura que él no estaba más feliz que yo en ese momento.

Así, Querido Gary, estoy esperando con anticipada alegría, su próximo boletín.

Suya, como siempre
Marita Hubert

Traducido por Sonnia Arzamendia

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