La Parálisis Cerebral y una Flor adentro de la Cáscara del Coco


Me equivoqué recientemente.

Me preguntaron si EFT podría ayudar con la parálisis cerebral y dije que ciertamente valdría la pena probar. Pensé que el uso persistente de EFT podría ayudar con algunos síntomas. Todavía lo pienso, pero eso no fue mi error.

Mi error fue olvidar mencionar la gran lección que aprendí de Sally, alguien que sufría de la parálisis cerebral. Es una lección para todos nosotros los que estamos en las profesiones de ayudar a la gente. Sucedió solamente por el amor y la intención. No tuvo ayuda de EFT. Por eso la comparto con ustedes.

Conocí a Sally hace 11 años en un seminario de dos semanas sobre el perfeccionamiento personal en Hawai. Cuando digo que la “conocí”, no es exacto. Nunca fui su amigo. Ni siquiera supe su apellido.

Sally era diferente. Su cuerpo estaba tan torcido con la parálisis cerebral que el torso se inclinaba en un ángulo constante de 30 grados. El ángulo era tan extremo que nadie podía sentarse a su lado derecho porque ocupaba el espacio de dos sillas. Sus manos estaban engarrotadas. Sus músculos faciales no le permitían mucha expresión y su boca mantenía una posición fija de donde escurría la saliva involuntariamente. Podía hablar pero requería mucha paciencia para entender sus palabras malformadas.

Admiraba a Sally. Aquí estaba, asistiendo a un seminario sobre el perfeccionamiento personal entre unas 1000 personas “normales”. No podía comunicarse y no podía participar en la mayoría de las actividades. Era una “fuereña” que quería desesperadamente que la aceptaran. Pero la ignoraban en general. Unas pocas personas se hicieron sus amigos y le prestaron una mano cuando fue necesario. Yo no fui uno de ellas. No era, pensé, lo que tenía que hacer allí. Perdí mi oportunidad.

Sally era una flor encapsulada adentro de una cáscara de coco. Su espíritu, su amor, su deseo eran flores como los míos y los tuyos. Pero yo no veía la flor porque estaba cegado por lo que reportaban mis ojos. Lo único que veía era una cáscara inútil de coco.

Pero eso iba a cambiar pronto.
Resultado de imagen para flor de lotoUna noche todos los asistentes aprendían cómo romper una tabla de una pulgada de grueso con la mano. Era lo que hacen los maestros de karate. Una persona detenía la tabla mientras la otra tenía que atacarla con su mano. La fuerza no importaba, nos dijeron. Lo que realmente contaba era la intención. Bueno, sí algo tenía que ver la técnica, pero nos aseguraban que lo que realmente funcionaba era la intención férrea. Me fascinaba pero no lo creía del todo. Cuando llegó mi turno, me enfoqué en la técnica (pero agregué la intención por si acaso tenía algo que ver) y para mi asombro, rompí esa tabla con facilidad. Mi mano voló a través de ella de una manera que pensaba imposible. Era madera real. Sólida, sin trucos. Hasta me dolió la mano después de hacerlo. Vi a los demás haciéndolo. Hombres y mujeres de todos los tamaños y niveles de fuerza. Unos necesitaron varios intentos pero casi todos lo lograron.

Sally era una de los primeros en intentarlo, y cómo esperarías, no llegó a ningún lado. Su cuerpo era tan débil que la mano caía en la tabla sin fuerza. Me hizo pensar en tratar de ladear al edificio del Empire State con un pedazo de espagueti de la cena de ayer. Lo sentí por Sally. La intención no bastaba en su caso. Ella estaba fuera de su nivel y me causó alivio cuando le indicaron que fuera a un rincón con Dan, otro participante, para practicar. Otra vez fue rechazada.

Mientras los demás seguían rompiendo las tablas, Dan le gritaba aliento a Sally en el rincón. Le gritaba “¡tú puedes, Sally, tú puedes!” Sally siguió intentando pero los resultados eran tan patéticos que esperaba que ya la dejara en paz y no siguiera alentando lo imposible. Sin embargo, persistió. Y Sally también.

Cuando todos habían terminado, nos juntamos alrededor de Dan y Sally, que seguían la lucha. Tal vez era porque nuestras creencias acerca de lo “posible” acababan de cambiar. No sé. Pero de alguna manera la energía empezó a llenar el cuarto mientras le echábamos porras a Sally.

Su expresión facial no cambió. No podía. Pero un fuego (la intención) entró a sus ojos. Sabía que finalmente la aceptaban. El amor estaba en todas partes. Su postura cambió un poco. Empecé a llorar por dentro. Lloro ahora mientras escribo esto. Las lágrimas no eran porqué pensaba que iba a poder romper esa tabla. Más bien, eran porque sentía esa conexión profunda (el amor) en el cuarto que todos anhelamos tanto. Claramente estaba allí. De veras genuina y con Sally que la recibía y el público que se la mandaba. Con el amor adentro de ella, apuntó otra vez a la tabla con toda la fuerza aparente de un malvavisco, y ---- ¡LA ROMPIÓ!!! Se rompió en dos pedazos bajo su intención. El público estaba en el éxtasis y Sally también. Me asombró. No hubo truco. Inspeccioné la tabla después y te digo que la rompió nada más con su intención. No hubo otra explicación posible.

Más amor y apoyo para Sally ocurrió durante otros eventos en los días siguientes. Se hizo estrella de la noche a la mañana. El último día del seminario, subió al escenario y enderezó uno de los dedos de la mano para que todos vieran. Entonces habló (lenta y claramente) y dijo, “Ustedes piensan que no hay nadie aquí adentro. Pero sí lo hay. Me ayudaron ustedes a abrir la mano. Lo hicimos juntos. Que Dios los bendiga. Los amo.”

Con eso me hice un charco de lágrimas. La flor adentro de la cáscara del coco ya estaba a la vista de todos.

Cómo les dije, les cuento esta historia para compartir una perspectiva sobre lo que hacemos en cuanto ayudantes para la gente en este mundo. Este evento tuvo lugar hace 11 años antes de que el EFT fuera realmente disponible. El progreso de Sally llegó por el apoyo, el amor, el cuidado y nuestro poder inherente para curarnos. Nuestras nuevas herramientas son ciertamente una magna ayuda para la curación, pero finalmente todo viene del amor.

Paz, Gary

Traducido por Naomi Brickman

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