Control del dolor -Partes I & II


Estos artículos sobre el control del dolor nos fueron ofrecidos por Tam Llewellyn-Edwards desde el Reino Unido. Dan clara evidencia del uso de EFT para una de las necesidades más comunes del mundo: el manejo del dolor. ¿Quién entre nosotros no conoce muchas personas con un dolor constante?

Espero que algún día la medicina establecida le dará un gran reconocimiento a estos procedimientos y a su aparente falta de efectos colaterales cuando es usada para el dolor físico.


Control del dolor – Parte I

Vemos muchos casos que en su presentación parecen ser idénticos pero que necesitan apenas esa pequeña diferencia de ángulo para llegar a una conclusión satisfactoria. Vemos muchos problemas de espalda en nuestro mundo moderno. Se ha dicho que es la causa única mayor de pérdida de horas de trabajo en el Reino Unido y el dolor incapacita miles de personas. Esto no tiene que ser así, ya que el dolor, si bien no el problema en sí, puede ser controlado con EFT.

Cuando lidiamos con problemas de espalda (o cualquier otro dolor) debemos ser cuidadosos de asegurarnos que no estamos cubriendo los síntomas de un problema más profundo. Esto se hace mejor asegurándonos que nuestros clientes hayan visto en primer lugar un practicante médico convencional para el diagnóstico y el tratamiento.

En ésta y en mi próxima contribución hablaremos dos casos que fueron en su presentación muy similares pero, en la práctica, mostraron aspectos bastante diferentes de EFT.

Mi primer caso es un hombre (lo podemos llamar John) que había estado sufriendo por algún tiempo de un dolor crónico de espalda en la zona lumbar y baja del cuello. La causa era clara pues las vértebras de su espalda estaban deterioradas más allá de toda posibilidad de reparación. Tenía un dolor muy grande y había sido tratado con dosis siempre crecientes de opiáceos.

A John no le gustaba su terapia de drogas y tenía miedo de la dosis creciente necesaria para mantenerlo confortable, pero sin sus drogas su vida era una de dolor intolerable. Se presentó a nuestra clínica para tratamiento homeopático más por desesperación que por esperanza de éxito. Cuando se le ofreció EFT como un “arreglo rápido” John estaba abiertamente escéptico, pero accedió a tratar una vez.

Tuvo lugar una sesión muy simple. No hubo imaginativas frases preparatorias, sólo “Aunque tengo este dolor...” Trabajamos alternativamente en los dos lugares donde le dolía, y en una etapa última cambiamos a “Aunque tengo este embotamiento...” En la primera sesión el malestar bajó desde 10 hasta alrededor de 4 en una escala de dolor de 0-10. Dijo “Yo puedo vivir con eso”, y se fue un hombre feliz. Lo he alentado para hacer tapping regularmente mientras reducía su ingesta de opiáceos.

La siguiente sesión de John fue un mes mas tarde, y llegó siendo un hombre feliz todavía. Se había ido desprendiendo de sus drogas bajo la supervisión de un practicante médico, y sin sus drogas se había percatado del daño que le habían estado haciendo a su vida. Aún tenía un poco de dolor (un nivel de 2), pero podía aceptar eso como una advertencia de que su espalda estaba dañada permanentemente y necesitaba ser tratada con cuidado y suavidad.

La próxima vez presentaré un caso bastante similar, el cuál también reaccionó bien con terapia de EFT, pero que requirió un tratamiento bastante diferente.

Tam Llewellyn-Edwards
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Control del dolor – Parte II

Este caso se vincula a un cliente femenino (la llamaremos Jean), quien presentaba en forma casi idéntica los síntomas de John mencionados en mi anterior contribución. Jean también tenía dolor crónico en la espalda en la zona lumbar y la región baja del cuello. Sus problemas, al igual que los de John, eran causados por deterioro vertebral, y ella, también, había estado con fuertes dosis de opiáceos por un número de años.

En el caso de Jean, de todas formas, la dosis había estado subiendo hacia el máximo considerado posible por su practicante médico y, aunque tenía un dolor considerable, ningún incremento en la dosis era permitido. El dolor había llegado a tal grado que entonces era incapaz de dormir de noche y el cansancio resultante le causaba problemas extra. A diferencia de John, Jean era una creyente en medicina complementaria y había visto los buenos resultados que yo había producido en otro paciente que conocía socialmente (quien tenía una condición diferente). Ella estaba segura de que yo podía ayudarla e impaciente por dejarme probar.

De nuevo el tratamiento fue una forma muy simple de EFT con una frase recordatoria de “Aunque tengo este dolor terrible...” De un valor de 10 en una escala de dolor de 0 a 10 el dolor cayó pronto en unos pocos segundos a 2-3. No tuvimos que separar los dos diferentes focos principales del dolor, ni tampoco cambió la naturaleza del dolor durante el tapping. Aunque, cuando la intensidad del dolor había caído hasta 5, hicimos un pequeño cambio y comenzamos a referirnos a “Lo que queda de dolor...”

Con el dolor reducido a 2-3, terminamos nuestra sesión con la intención de dejar un poco de dolor para prevenir al paciente de su espalda lesionada. Hubo algunos otros asuntos para discutir (mayormente problemas debidos a su reciente falta de sueño) y los discutimos por un corto tiempo antes que se fuera de mi consultorio

Cuando estaba por retirarse, le pregunté a ella sobre su dolor de espalda. “No está mal,” dijo, “pero siempre que estoy en una habitación calurosa me duele la cabeza, y esto siempre hace que mi cuello duela más”. Esto fue un desafío demasiado tentador como para que un practicante de EFT lo rechace y rápidamente hicimos una ronda de tapping usando esta frase recordatoria “Aunque siempre me duele la cabeza cuando estoy en una habitación calurosa y esto hace que duela el cuello más...”

Una ronda de tapping hizo desaparecer su dolor de cabeza y su dolor de cuello. Este fue un caso clásico en el que Jean había estado escribiendo en sus muros mentales que los cuartos calurosos provocaban dolor de cabeza, los cuáles, a su vez, intensificaban su dolor de espalda. Mientras Jean creía esto y se había preparado a vivir con ello como un “hecho más en su vida”, siempre sería de ese modo. Pero una simple ronda de tapping despejó su dolor y le permitió ver que no era una verdad evidente por sí misma. Al dejarla le fue difícil a ella poner un número de intensidad en su dolor de espalda. Lo calificó como “Menos que la mitad”.

Ahora, unos dos meses después, ambos clientes han dejado los opiáceos. John aún tiene un poco de dolor, el que controla en ocasiones con paracetamol, pero Jean no usa ninguna medicación para reducir el dolor. Unos días después fue muy gratificante mirar por la ventana y ver a Jean llevando a la escuela a su nieta, moviéndose feliz y libremente y obviamente sin dolor, y recordar que por un numero de años antes había estado cojeando adolorida e incapaz de salir de su casa sin ayuda.

Tam Llewellyn-Edwards

Traducido por Martin Jones Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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