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EFT actúa en el primer día del curso

Alejandra Mitnik nos relata lo sucedido en el primer curso que imparte sobre EFT. Se encuentra en una situación extrema nada más empezar. Su experiencia y confianza en el proceso, muestran el poder de EFT en situaciones difíciles. Escribir a Alejandra y visitar el sitio web de Alejandra.
Por Alejandra Mitnik

Dictar cursos, es algo que me apasiona. Vengo haciéndolo con ilusión desde que tenía 22 años, en la Universidad y en diversas Instituciones. Ante cada nuevo curso, se generan en mí un cúmulo de emociones, entre ellas, el deseo y el reto de que pueda aportar enseñanzas y experiencias, siempre, positivas.

Hace unos días, dicté mi primer curso de EFT y me gustaría poder compartir lo que vivimos en esa primera clase.

El curso, subvencionado por el ayuntamiento, es una de las diversas actividades que ofrece esta entidad a los ciudadanos. Por lo tanto, dentro del grupo de 25 alumnos, estaban:

• Los ex alumnos de otros cursos anteriormente dictados por mí. (Estos serían mis aliados)
• Los alumnos que habían escuchado hablar sobre EFT o conocían algo sobre la técnica. (Este era sólo uno).
• Los alumnos que no tenían ni idea de EFT ni de por qué habían elegido este curso. Venían, entonces, a ocupar su tiempo en “algo,” satisfacer su interés por la cultura general, o “a ver qué es eso de la terapia.” (Estos eran la mayoría).
• Los alumnos que se inscribieron porque otro los inscribió o porque algo o alguien les obligó a hacerlo, por ejemplo, el propio ayuntamiento. (Así que entre este último grupo teníamos al menos dos: la “obligada” y una alumna que pasó a ser el centro de atención de la experiencia que voy a contar).

Nada más entrar al aula, esta alumna, acompañada por su hermana, la responsable de haberla inscrito al curso, me grita desde la puerta: “Alejandra, ¿qué haces aquí?!” “¿Pero tú vas a dar el curso?” “¿Tu eres Psicóloga?” “Y qué haces trabajando en el mercadillo?” (Aclaro que ese es mi otro trabajo y de ese lugar, esta alumna me conocía). “Y por qué no te dedicas a la Psicología?” “Es que en el mercadillo se hace más dinero, ¿verdad?”...

Ante un comienzo tan esperanzador, arremetí con el vídeo de presentación de EFT, que siempre impacta.

Continué con el ejercicio donde medimos la intensidad de nuestra respiración y luego hacemos tapping. Este ejercicio, fácil, simple, que no comporta la intervención de emociones, permite demostrar, de qué manera EFT actúa positivamente, en algo que todos necesitamos para vivir.
De pronto, mientras les pregunto a los alumnos en qué número de la escala colocarían a su respiración, oigo una voz, ya conocida, que interrumpe: “Me siento mal, tengo que salir, voy a vomitar.” Y aclara: “Es que tener que leer la traducción del video tan rápido, me hizo mal...”
Efectivamente, la explicación venía de la misma alumna que, al comienzo de la clase, me había recibido tan calurosamente.

“No puedo, no puedo, voy a vomitar...”, seguía diciendo. La alumna sale fuera rápidamente y a pesar de que deja estupefacción y preocupación en el resto del grupo, cosa que intento calmar, seguimos la clase con un trabajo de práctica de EFT en parejas.

Al entrar a la clase nuevamente, se sienta junto a su hermana que le comenta el trabajo a realizar.

Me acerco a ellas y veo que la alumna sigue sintiéndose cada vez más mal. En esos momentos suena su móvil, comprueba que es su marido y le pide a su hermana que lo apague. Su malestar empeora.

Inmediatamente, interrumpo a todos y les pido que hagamos tapping para esta alumna en sustitución. Les explico el beneficio de la técnica y cómo se realiza. Así que en pocos segundos, todo el curso está moviendo sus sillas, formando un semi-círculo alrededor de nosotras dos.

Empezamos con el PK:

“Aunque tengo estas ganas de vomitar, me quiero y acepto, profunda y completamente.”
“Aunque tengo estas náuseas tan asquerosas, me quiero y acepto, profunda y completamente.”
“Aunque me esté sintiendo muy mal, me quiero y acepto, profunda y completamente.”

Como le cuesta mucho expresarse y seguir el tapping, le pido permiso para tappear sobre ella, cosa que acepta. Así que continúo:

CE. “Estas ganas de vomitar.”
LO. “Estas náuseas.”
BO. “Este malestar.”
BN. “Yo no sé para qué vine.”
BL. “Estas ganas de vomitar.”
CL.“Estas náuseas.”
BB. “Este malestar.”
BT. “Esta sensación tan fea.”
(Tanto este punto como el anterior, parecen incomodarle al tappear)
CO. “A pesar de que me siento fatal, yo me quiero y acepto, profunda y completamente.”

Le pido que respire profundamente, cosa que hace lentamente, así que sigo tappeando sobre ella una ronda más.

Al terminar, me dice que ya no tiene náuseas pero le duele. Le pregunto dónde le duele. Con dificultad, se pone la mano en el centro del pecho y la va subiendo por el cuello hasta debajo de su oído izquierdo. Le pido que me explique cómo es ese dolor, cómo lo siente. Dice que es como un “latigazo.” Comienza a eructar y bostezar. Explico rápidamente a los alumnos lo que estas reacciones pueden significar y me interrumpe entrecortadamente: “Es que la radiación me ha afectado y tengo problemas de...”, en ese instante, el dolor parece acrecentarse mientras se toca la nuez, de manera que decido retomar rápidamente el tapping sobre ella:

CE. “Este dolor.”
LO. “Este dolor que empieza en el pecho, continúa por mi garganta y llega hasta mi oído.”
BO. “Este dolor que es como un latigazo.”
BN. “Este grupo tan estupendo que me ayuda.”
(La alumna asiente, se emociona y comienzan a asomársele algunas lágrimas.)
BL. “Este marido que me sigue a todas partes y no me deja en paz.” (Niega con la cabeza y con el dedo, mientras se ríe, sin poder hablar)
CL. “Este grupo tan maravilloso que me está apoyando.” (Vuelve a asentir y agradece)
BB. “Yo me doy permiso para sentirme mejor.” (Comienza a respirar profundamente.)
BT. “Con cada respiración yo me siento mejor.”
CO. “Yo respiro y me siento mucho mejor y por ello, me quiero y me acepto profunda y completamente a mí misma.”


La invito a que respire. Ella y todo el grupo lo hacen. Le pregunto cómo está el dolor. Para mi sorpresa, dice que ya se le fue. Le pregunto por las náuseas y dice que ya no las tiene. Le pregunto si desea compartir con el resto de los alumnos que fue lo que le sucedió, qué es lo que tuvo. Dice que no, porque recordar le hace llorar. Y repite, el dolor ya se fue. Ya estoy bien. Miro al grupo. Todos estamos inmensamente sorprendidos. Entonces, les digo gracias y les pido, por favor, un aplauso.

Confieso que como primer ejemplo de aplicación de la técnica, hubiera preferido un caso de dolor en la punta del dedo gordo de un pié o resolver el temor a los bichitos voladores. Sin embargo, no puedo dejar de agradecer que haya sido un caso tan sumamente grave, como un cáncer de tiroides, el que se me haya puesto delante en mi primera presentación.
Esta experiencia me ha demostrado que EFT funciona, aún cuando el paciente desconoce totalmente la técnica, no cree absolutamente nada en ella y menos “en la terapeuta” que la aplica.

También, me ha servido para conocer el alcance beneficioso que tiene realizar el tapping en grupo, teniendo en cuenta que la alumna salió de su estado de dolor cuando pudo tomar conciencia de que había otras personas que estaban haciendo algo por ella.
Y me confirmó que, el terapeuta, con su ayuda, puede controlar hasta dónde es posible que el paciente soporte el dolor, disminuyendo su intensidad si es necesario, en este caso, desviando la atención hacia el marido controlador o proponiendo salidas alternativas, como resultaron ser la ayuda de la respiración o el permiso para auto-sanarse.

Han pasado 4 días y he vuelto a ver a esta alumna en el mercadillo. No sólo dijo haber pasado una buena noche después de aquella experiencia, sino que se encontraba mucho mejor. Dijo también, tener ganas de que llegue la próxima clase. Yo creo que estaba tan contenta que, hasta me compró un vestido!

Gracias David por tus enseñanzas. Gracias a todos los efetistas que comparten su pasión y experiencias por estas técnicas maravillosas.

Un saludo para todos, con amor.

Alejandra Mitnik Fischman